Las mesas

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Texto curatorial para la exposición Las mesas del artista brasileño Juan Narowé en Ora Labora Studio, Salamanca, del 2 de febrero al 29 de marzo de 2019.

Algo hay en la sencillez de la mesa que nos atrapa en torno a ella. Cada día nacen nuevas historias alrededor de sus fronteras. Ya sea dentro de un bar, tras la ventana de un restaurante o en casa propia, la gente se sienta, habla y comparte.  La mesa es, sin duda y ante todo, un lugar de reunión. Sobre ella no sólo reposan platos de comida, botellas, libros o jarrones, sino también reencuentros, penas, alegrías, recuerdos y risas. Todas esas vivencias que surgen entre sillas y manteles son, sobre todo, el reflejo vivo de una cultura y del lugar donde suceden.

Tal vez sea por ello que el género del bodegón o la llamada pintura de género hayan estado presentes, de una u otra manera, en las manifestaciones artísticas de todos los tiempos. Y es, por eso mismo, que suponen un testimonio de gran ayuda a la hora de conocer las diversas costumbres y prácticas que se han ido sucediendo dentro de las distintas sociedades a lo largo de la historia.

La serie de estampas que integran la exposición de Juan Narowé, protagonizada por una infinidad de elementos que abarrotan la superficie de varios tipos de mesas, continúa la línea de esta popular tradición pictórica. Las mesas está formada por tres escenas paralelas donde se desarrolla toda una multiplicidad de acontecimientos simultáneos alrededor de una mesa. Cada uno de esos elementos funciona como un pequeño átomo de información que contribuye a la lectura completa de la narración que Narowé esconde tras todos ellos. De este modo, el artista está creando un rico tapiz plagado de elementos simbólicos que, a través de referencias geográficas, culturales, gastronómicas y lingüísticas, configuran una fiel fotografía de situaciones cotidianas que podrían suceder en torno a una mesa de cualquier lugar de España.

Desde una esquina llega una voz que susurra “calma, chiquillo”; cuatro puños sobrevuelan la calle a las puertas de un bar; una mujer calzada con madreñas cruza la acera con agilidad; los ojos de un camarero observan la multitud desde el otro lado de la barra; un solitario personaje apura un botellín de cerveza a las tantas de la madrugada. Todas esas pequeñas historias cohabitan el universo creado por Narowé en esta serie de estampas, y todas ellas se reproducen al unísono, una encima de la otra, al igual que sucede en la vida real. Todo es importante y nada lo es, depende del protagonista. 

Es, precisamente, por ese carácter un tanto caótico y exuberante de estas mesas que recuerdan a los saturados bodegones flamencos del siglo XVII, y contrastan, a su vez, con las austeras naturalezas muertas de tradición hispana, rebosantes de espíritu contrarreformista y ascetismo cristiano. Nada tienen que ver estas últimas, tal como refleja Narowé, con las mesas españolas de hoy en día, donde la abundante comida y bebida se acompaña de mil anécdotas, griterío, sentimiento y carcajadas. 

Las mesas de Juan Narowé suponen, por tanto, no sólo una aproximación a nuestra cultura popular sino que, además, ponen en valor la función de la mesa como centro absoluto de la vida social. A través de ellas vemos representadas a la perfección nuestras copiosas comidas familiares, largas conversaciones con amigos, alcoholizadas peleas de bar, solitarias cervezas de barra, meriendas en el campo, y un larguísimo etcétera de historias que han ocurrido, están ocurriendo y ocurrirán alrededor de cualquier mesa no muy lejos de aquí.

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